Pasar al contenido principal
Julio 3, 2019

Falsos mitos del bronceado

bronceado

A pesar de lo que pueda parecer, el bronceado es una moda relativamente nueva, ya que no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando empezó a extenderse entre la población.


El punto de inflexión que trajo el bronceado a nuestras vidas como símbolo de belleza y de poder adquisitivo vino dado por la famosa diseñadora francesa Coco Chanel. La responsable de la célebre casa de moda sorprendió a sus coetáneos al volver de sus vacaciones veraniegas con un tono de piel bronceado. Fue a partir de entonces cuando estar moreno empezó a relacionarse con el estatus de las clases burguesas, que disponían de tiempo para ir de vacaciones y tomar el sol.


Hoy, no lucir una piel morena, especialmente durante el verano, es convertirse en un raro. Algo verdaderamente extravagante, e incluso de mal gusto. Sin embargo, todos los defensores a ultranza del bronceado deberían saber que se trata de un hábito peligroso, ya que el oscurecimiento de la piel no es más que un “mecanismo de defensa del organismo frente a una agresión externa”, como explica Francisco Galán, farmacéutico titular de Sanafarmacia y gran experto a nivel internacional en radiaciones solares. Y es que cuando nuestra piel recibe radiaciones UVB o UVA, ésta reacciona normalmente produciendo un pigmento llamado melanina (melanogénesis), que se encarga de proteger parcialmente las células de las radiaciones del sol, y que origina el color marrón en la piel (bronceado).


Es durante la primavera y sobre todo el verano cuando se produce un mayor índice de rayos ultravioleta (UV). Y en consecuencia, se trata de las épocas del año en las que más nocivo resulta tomar el sol sin una protección adecuada.

Existen varios tipos de radiaciones:


1. Las radiaciones ultravioleta tipo C (UVC), las más dañinas para el organismo, son filtradas por la capa de ozono de nuestra atmósfera; si bien la degradación de esta capa protectora de la atmósfera ya empieza a tener efectos sobre la fauna antártica, causando patologías muy graves e incluso ceguera.


2. Las radiaciones ultravioleta de tipo B (UVB) y las de tipo A (UVA) llegan a la superficie terrestre. “Hasta hace algunos años existía la falsa creencia de que los UVB eran los únicos que causaban daños en la piel, ya que una de sus consecuencias, el eritema actínico (enrojecimiento producido por la quemadura solar), es muy visible y se produce a corto plazo”, explica Francisco Galán. “Se ha constatado científicamente que los rayos UVA producen daños a nivel del ADN celular, depresión del sistema inmune y foto envejecimiento, manchas cutáneas, además de ser potencialmente cancerígenos, penetrando hasta las capas más profundas de la piel”, añade.


Para tratar de prevenir futuras patologías es necesario trabajar en la concienciación de la población, ya que “nos encontramos con el problema de que los efectos de los rayos UV sobre la salud no son inmediatos y, por tanto, no existe una concienciación masiva a nivel popular. Si a esto le añadimos el aspecto del bronceado como algo socialmente deseable, ya tenemos el cocktail perfecto”.


Teniendo en cuenta lo anterior, el doctor Galán explica que “una quemadura por efecto del sol puede desaparecer en un tiempo relativamente corto, pero la piel tiene memoria y almacena ese suceso y, si se repite algunas veces más, sobre todo en las dos primeras décadas de la vida, puede desembocar en un cáncer de piel en la edad adulta”. En este sentido, una quemadura solar no es algo anecdótico, sino el primer paso para una patología que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha calificado de epidemia.


Ojalá que, con el paso del tiempo, como cualquier moda, la de lucir morenos vaya desapareciendo (en países orientales como Japón, el canon estético está en las pieles claras y pálidas). Entretanto, recuerda seguir los consejos de los profesionales sanitarios: no te expongas al sol de forma prolongada y usa un protector solar adecuado para tu tipo de piel. Las modas cambian, pero la salud es lo primero.

Foto: Tirachard