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Agosto 3, 2020

Por una temporada de piscina libre de riesgos

Niños bañándose en una piscina

Aunque con bastantes limitaciones debido a la precaución frente a la Covid-19, finalmente muchas piscinas han abierto las puertas al baño este verano. Un verdadero alivio para afrontar las duras jornadas de canícula estival. Pero, sin querer aguarles la fiesta (nunca mejor dicho), debéis tener en cuenta que las piscinas son una fuente de transmisión de infecciones, y por lo tanto este verano la distancia de seguridad no debe ser la única consigna.

Aunque buena parte de la seguridad depende del buen mantenimiento y limpieza de las piscinas, muchas veces no es suficiente, de manera que debemos poner de nuestra parte para evitar infecciones o problemas indeseados.

Sabemos que el acuático es uno de los medios ideales para la reproducción y supervivencia de numerosos microorganismos que pueden saltar a nuestro organismo. El cloro y el bromo son muy eficaces para combatirlos, pero siempre hay otros factores que favorecen la contaminación. Y muchos de ellos, e incluso los más importantes, somos nosotros, los seres humanos. Sustancias como el orín, el sudor o las mucosidades son factores desencadenantes de posibles infecciones, a los que hay que sumar el excremento de los pájaros. Al calentarse por los rayos de sol, el agua se vuelve más “apacible” para la reproducción de bacterias y parásitos, en ocasiones muy resistentes a la limpieza. Los riesgos son aún mayores en las piscinas públicas o comunitarias, por la mayor presencia de bañistas.

Entre los riesgos principales que hay que tener en cuenta debemos señalar los denominados virus entéricos y no entéricos. Los virus entéricos más comunes se derivan de la ingesta involuntaria del agua o de parásitos que entran en contacto con la piel, y que pueden conducir a dolor de estómago y desarreglos intestinales. Los no entéricos son los que se asocian al baño sumergido y se contagian por el contacto con la piel. En este apartado hay que incluir, por ejemplo, los papilomas causantes de verrugas. Las manos y los pies son las más sensibles a este tipo de infecciones.

También es importante hablar de los protozoos patógenos, microorganismos que están asociados con el alto nivel de toxicidad derivado del uso de determinados productos químicos, como por ejemplo el propio cloro con el que se limpia la piscina, que a altos niveles puede ser pernicioso para el organismo.

Por todo ello, para evitar infecciones indeseadas que nos estropeen un estupendo día de piscina, debemos tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

-Ducharse siempre tras cada baño. La ducha con agua potable es muy recomendable tras salir de la piscina. Y al llegar a casa, volver a ducharse con jabón.

-Evitar tragar agua. Porque es la vía más rápida para verse afectado por un problema gastrointestinal. Es una recomendación que hay que remarcar especialmente en los niños, quienes suelen tragar más agua por su propensión al juego náutico.

-Uso de aislantes. Tales como sandalias, gafas o tapones de oído. Esto puede ayudarnos a evitar hongos, irritaciones de ojos u otitis.

Como ves, no son demasiadas precauciones. Si las tienes en cuenta a la hora de disfrutar de la piscina, seguro que repetirás una y otra vez.

Foto: cookie_studio