Higiene bucodental

Mar01

El cepillo de dientes

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Orígenes

Investigaciones diversas convergen en la idea de que no es hasta el siglo XV, 1498, cuando surge el cepillo de dientes de una forma similar al actual. El origen del mismo como el de otros tantos artilugios está en CHINA. Tan “imperial” invento estaba formado por un mango de hueso al que se le habían adherido cerdas. Los mercaderes y las rutas comerciales hicieron llegar el utensilio a Europa pero la extrema dureza de las cerdas provocaron el rechazo por parte de la población de occidente. No es hasta el siglo XVII cuando se generaliza su uso en estos territorios, eso sí, con otro tipo de pelos más blandos como el de caballo. Otro hándicap importante que evitó que su popularidad fuese mayor era el precio que tenía, reservándose su uso para la realeza y la alta sociedad.

El cepillo con cerdas artificiales como hoy lo conocemos no llegaría hasta bien entrado el siglo XX. Concretamente en 1938, con el desarrollo del nailon, se consiguió sustituir las cerdas de origen animal por estas otras sintéticas; al mismo tiempo se consiguió reducir sobremanera la transmisión de bacterias que encontraban alojo en las cerdas animales.

Características del cepillo

Es muy importante poner máxima atención a la elección y el cuidado del cepillo de dientes. La técnica de cepillado es también una parte muy importante de la correcta limpieza de la boca.

1. La primera recomendación a la hora de elegir un cepillo de dientes adecuado se refiere al material. Las púas del mismo deben ser de nylon y de puntas redondeadas, con el fin de no dañar el esmalte durante la limpieza.

Por esta misma razón y mientras el odontólogo no indique lo contrario, se aconseja elegir un cepillo de dureza media o suave, atendiendo a las diferentes niveles de dureza disponibles en el mercado. Los cepillos fuertes, llamados duros, pueden dañar las encías y hacerlas sangrar.

2. La segunda elección se refiere al tipo de cepillo de dientes: ¿manual o eléctrico? Ambos pueden ser igual de eficaces aunque estudios recientes han demostrado que los eléctricos pueden ser un poco más eficaces y efectivos a la hora de eliminar la placa.

Cuidado del cepillo de dientes

El mantenimiento del cepillo de dientes también es importante. Para evitar que se acumulen en él las bacterias, la limpieza y la conservación cuando no se usa deben seguir las siguientes pautas:

• Limpieza: debe lavarse muy bien con agua después de cada uso y dejar que se seque al aire libre. También existe una tendencia que aconseja empapar el cepillo con enjuague bucal antibacteriano tras su uso, se ha demostrado que disminuye la variedad y la cantidad de las bacterias que pueden llegar a crecer en los cepillos.

El uso del agua potable para la limpieza del cepillo posteriormente a su uso es crucial para evitar la proliferación de gérmenes. Hay que afanarse en el retirado tanto de restos de pasta de dientes como de posibles alimentos que puedan quedar entre las cerdas, ya que pueden llegar a constituir verdaderos focos infecciosos en futuros usos del cepillo.

• No compartirlos: utilizar el cepillo de dientes de otra persona supone un riesgo de contraer cualquier tipo de infección. Esto que parece una obviedad es reconocido por una buena cantidad de parejas, lo que significa que se comparten las bacterias en los cepillos, incluyendo aquellas que causan caries y enfermedades periodontales.

• Cambio de cepillo: cada tres meses, como norma general, hay que cambiar de cepillo (manual) o de cabezal (eléctrico). También debe cambiarse cuando las cerdas aparecen dobladas; si las cerdas del cepillo están abiertas, es hora de cambiarlo.

• Almacenamiento: del lugar en que se guarda y cómo se guarda depende que haya más o menos microorganismos en las cerdas que después entrarán a la boca y pasarán por los dientes, encías y lengua. Si se almacenan en el mismo lugar más de un cepillo, mantenerlos separados puede ayudar a prevenir la contaminación cruzada; hay gérmenes que pueden pasar de unos cepillos a otros, simplemente por contacto.

La Asociación Estadounidense Dental recomienda que el cepillo no se guarde en un contenedor cerrado o que se cubra ya que favorece el desarrollo de gérmenes gracias a la humedad acumulada. Los especialistas sugieren guardar los cepillos en forma vertical y -a ser posible- dejarlos secar hasta el siguiente uso.

• Del inodoro al cepillo: las bacterias entéricas, habitantes habituales de nuestros intestinos, pueden pasar a los cepillos y terminar en la boca: esto sucede cuando la persona, después de ir al baño no se lava las manos o simplemente no se las lava bien antes de manipular el cepillo.

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